viernes, 19 de diciembre de 2014

NO LES RECES A LOS MUERTOS: una infancia desquiciada genera una mente macabra

Yajaira  Almeyda Cárdenas /  3° Secundaria
Institución Educativa Privada San marcos del Sur - Lurín

A veces desconocemos o simplemente evitamos involucrarnos en muchos de los casos en los cuales los niños son agredidos física y psicológicamente por aquellas personas responsables de su cuidado. Los niños que han sido víctimas de actos violentos y maltrato físico pueden llegar a tener un futuro lleno de rencor, pero también otros llegan a aprender a sobrellevarlo y tener una vida saludable y exitosa. Lo preocupante es que, en su mayoría, estos niños tienen una sed de venganza inmensa  y nunca logran olvidar su pasado lleno de golpes, de agresiones, incluso llegando a asesinar a aquellas personas que tengan rasgos físicos semejantes a los de sus agresores, como es el caso de Leopoldo Chacaliasa, personaje principal de la obra No les reces a los muertos del escritor peruano Lenin Solano Ambía. A continuación, hablaremos del autor y del caso que plantea en su obra; también reflexionaremos sobre las consecuencias de la violencia infantil.
Lenin Solano Ambía estudió la carrera de literatura y docencia en nivel superior en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú; además es magíster en Literatura Francesa, titulado en la Universidad La Sorbona de París. Participó en el 2008 en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura en Bucaramanga-Colombia. Es autor de los libros: “Carta a una mujer ausente”, “No les reces a los muertos”, “Cada hombre tiene un sueño” y “Cementerio Pére Lachaise”. Ha obtenido la mención honrosa en el concurso de cuentos de  “Las mil palabras” de la Revista Caretas. Reside en París desde el 2009.
En No les reces a los muertos (2011), se cuenta la historia de Leopoldo Chacaliasa, que es uno de los hombres más inteligentes y brillantes de la policía nacional del Perú, condecorado por dos presidentes de la República por sus grandes investigaciones y colaboración con la justicia; pero de nada le sirvió tener grandes éxitos, porque echó todo a perder por no haber superado los traumas sufridos durante su niñez por haber sido víctima de agresión brutal por parte de su madrastra. Debido a ello, a las mujeres que, según él, eran malas personas –y peor aún si estas casualmente eran físicamente parecidas a su madrastra–  las asesinaba. Para ello solo utilizaba un fierro puntiagudo. Primero les reventaba a puñetazos los pómulos y luego con el fierro les atravesaba el vientre. El gran general  Chacaliasa fue acusado de cuatro asesinatos y de intento de homicidio de su ex esposa; le esperaba una pena no menor a veinticinco años de encierro en el manicomio; sin embargo,  para evitar pagar sus crímenes y atrocidades, Chacaliasa se tiró del cuarto piso de la clínica en donde se encontraba por las graves heridas que sufrió el día de su detención.
Debido a los malos tratos recibidos durante la infancia, los niños constituyen secuelas psicológicas como una pobre autoestima. Se sienten incapaces, son tímidos y creen que son  inferiores. Además, también se perturba el desarrollo fisiológico y social de la persona. Como consecuencia, los niños maltratados son potenciales personas desadaptadas a la sociedad, que llegan a caer en la delincuencia, en los asesinatos y presentan un comportamiento antisocial durante la adolescencia y la adultez. Esto fue lo que le sucedió a Chacaliasa, pero en la vida esto les puede suceder a todas las víctimas. El hombre puede llegar a tener una mente macabra, pero quizá eso no dependa de él sino del pasado que lo atormenta. Lo que sí depende de él es lo que haga después. Quizá nuestra niñez pueda definir nuestro futuro, el maltrato puede ocasionar no solo un trauma sino la venganza que habita en la víctima y esta se transforma en el agresor y crece como una cadena irrompible.
En conclusión,  el pasado terrible que puede haber atravesado un niño, podría ocasionar en él terribles consecuencias en el futuro; aunque no necesariamente resulte de este modo. Siempre es necesaria y recomendable la ayuda psicológica;  pero recordemos que lo más importante es la voluntad propia: si tú quieres seguir esa cadena irrompible o simplemente no quieres afrontar las consecuencias de tus actos, terminarás siendo un Leopoldo Chacaliasa. Quizá creemos que la muerte es trágica, la muerte enseña cosas muy duras pero  la vida nos enseña cosas aún más duras.
Lurín, sábado 12 de diciembre de 2014

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